El Pazo de Oca es el más renombrado de los Pazos gallegos. El conjunto de monumentalidad arquitectónica, botánica y ornamental, muestra con esplendor y de forma ejemplar, las más importantes características de una sociedad, que hasta su desaparición, en el siglo XIX, estaba dividida en clases sociales estrictamente compartimentadas.

En éste didáctico ejemplo de las viviendas aristocráticas rurales que en Galicia denominamos Pazos, vemos quienes componían aquel “corpus social”. La aristocracia, la Iglesia y el campesinado forman esa sociedad hoy desaparecida. Ése mundo rural, se contrapone en la misma contemporaneidad a la amalgama social que se desarrolla y evoluciona en las ciudades, tras la desaparición del Feudalismo.

Es en los años de más bonanza económica, en la que se fue conformando un mundo arquitectónico, ornamental y botánico original. El Renacimiento cultural, los grandes descubrimientos científicos y geográficos, los nuevos cultivos agrícolas llegados de América, los viajes de conocimiento botánico, las modas imperantes en la Jardinería europea y la divulgación de todos esos conocimientos por los hombres de la Ilustración Española, junto a las especificidades del clima y el suelo de Galicia, ofrecieron a los propietarios aristocráticos, todo un sinfín de posibilidades, necesarios para llevar a cabo la construcción y el desarrollo de sus jardines.

El dicho popular de “Casa Grande, Capilla, Palomar y Ciprés, Pazo es”, que define éstas residencias campestres de la nobleza gallega, alcanza su máximo esplendor en éste lugar de la parroquia de San Estevo de Oca, Ayuntamiento de A Estrada, provincia de Pontevedra, muy cerca de Santiago de Compostela y a caballo de los dos Valles fluviales formados por los ríos Ulla y Umia, en la comarca que se llama Tierra de Tabeirós, casi en el centro geográfico de Galicia.

 

La Casa Grande del dicho popular, indica la magnificencia o tamaño de las edificaciones palatinas, la mayoría construidas en granito. Herederas de Castillos y torres medievales, que la antigua nobleza transmitió a sus descendientes. El edificio del Pazo de Oca, forma hoy en día, una Plaza pública, en donde destaca el gran edificio barroco y su Torre del Homenaje, de reminiscencias mediales, recuerdo del castillo primitivo. Al fondo, la Capilla y el paso elevado para el acceso privado de los propietarios. Y cierran la plaza, las casa de los antiguos sirvientes de la propiedad. Cuándo se llega al lugar, un típico Crucero gallego, ofrece la primera muestra identificadora de la originalidad de la Jardinería de los pazos gallegos.

 

La Capilla adosada al Pazo, indica claramente la unión durante siglos, entre la Aristocracia y la Iglesia. Los propietarios tenían acceso directo a la Liturgia desde la vivienda a través del paso elevado, sin mezclarse con sus sirvientes. Construida en planta de Cruz Latina, forma con el edificio palaciego un conjunto elegante, perfectamente ajustado al conjunto en su tipología barroca y en su tamaño. Está dedicada a S. Antonio de Padua.

El Palomar es el símbolo de la economía agrícola y ganadera. Muchos de los Pazos son una continuidad en el tiempo de las villas romanas, ocupadas por las familias germánicas del Reino Suevo de Galicia y a las que los avatares de la Historia, convirtieron en Torres y Castillos en el Medioevo, transformándose en los tiempos más modernos de los siglos XVII y XVIII, en bucólicos asentamientos aristocráticos rurales.

El Ciprés del dicho popular, símbolo de intemporalidad, indica que los Pazos, son lugares que mantienen espacios ajardinados que por las especiales circunstancias de la arquitectura, ornamentación, especies botánicas y diseño, junto a las características del clima y suelo de Galicia, han conseguido para su jardinería, una identidad propia y diferenciada.

La propiedad tiene una extensión de 14 hectáreas a una altitud de unos 170 metros sobre el nivel del mar. La ocupación espacial del suelo de ésta propiedad de asentamiento rural, en cuatro grandes partes : Edificaciones, jardín, campo agrícola y bosque.

La Fachada y el interior, muestran los escudos de las familias que han sido sus propietarios, los Ulloa, Sotomayor, Sarmiento, Neira, Luaces, Ozores, Gayoso. El primer cambio de propiedad reseñable, se produjo durante la guerra de sucesión llamada “de la Beltraneja”, entre la hija heredera del rey de Castilla Enrique IV, la Infanta Doña Juana y su tía Doña Isabel, esposa de Fernando de Aragón, llamados más tarde Reyes Católicos.

 

Suero de Oca perdió su Castillo, ante las tropas de Alonso II de Fonseca Arzobispo de Santiago de Compostela. Fue capturada y presa su esposa María Gómez de Sotomayor, quién murió de tristeza y penuria, encarcelada por el Arzobispo, fiel aliado de Isabel de Castilla.

Las guerras de la rebelión Irmandiña, la de la sucesión al Trono de Castilla entre los partidarios legitimistas de Juana y los partidarios de su tía Isabel, las guerras entre los nobles gallegos y las guerras entre éstos y los Arzobispos compostelanos, marcaron la segunda mitad del Siglo XV. En ese contexto, el castillo de Oca es conquistado en 1477, pasando a poder del Arzobispado de Santiago de Compostela.

La fortaleza resultó seriamente dañada y las torres rebajadas. Hasta el año 1570 perteneció a la Mitra Compostelana como propiedad de Abadengo. Fue cedida al Rey Felipe II, quién la vende en 1586 a María de Neira y Luaces. Es su nieto, Gonzalo de Neira, Luaces y Bermúdez de Castro el que lo lega a un sobrino, entrando así en la propiedad, la muy antigua y poderosa familia aristocrática gallega de los Gayoso.

Son los miembros de ésta familia los que promueven la conformación actual del Pazo. Siguiendo el gusto de la época en Europa y cómo hacen las demás casa aristocráticas vecinas, convierten Oca en un gran Pazo. Andrés de Gayoso, Deza, Neira, Mendoza y Ozores de Sotomayor, Vizconde de San Estebo de Oca, junto a su esposa Constanza Arias y Ozores, Marquesa de San Miguel das Penas y La Mota, comienzan las obras que convertirán el lugar, en lo que hoy es.

 


© Daniel Domínguez / José C. García - 2006