Casa y Quinta de Villar d'Allen

El mundo de la Historia de la jardinería portuguesa y europea, y el mundo de la Camelia , tienen en Vilar d'Allen un espacio sobresaliente. Una gran finca arbolada y cerrada con altos muros, en la que sobresalen y se observan desde la distancia, los magníficos ejemplares en un denso jardín.

Las altas copas de las Araucarias, los Cedros y las Palmeras chilenas del Vino, sobresalen por encima de la vegetación de camelias y naranjos, que rebosantes de flores y frutos, cuelgan sobre el cierre que mantiene la intimidad de la finca.

El portalón enrejado de la entrada nos indica claramente como se llama el lugar que vamos a visitar. En él, campea el antiguo nombre de la Quinta " VILLAR DE ALLEN ", junto al escudo con los símbolos heráldicos de la familia Allen. Ésta Quinta romántica está localizada en la Rua do Freixo, muy cerca del Río Duero y a no mucha distancia del centro histórico de la ciudad de Oporto.

La Quinta , es el resultado de la unión de la Quinta da Arcaria y del Monte de Fonte Pedrinha. Fueron adquiridos por Joâo Fancisco Allen en 1839, parte de un conjunto de terrenos pertenecientes a las antiguas quintas de Vila Verde y de Vessada, compradas más adelante en los años 1869 y 1872 por la 1ª Vizcondesa de Villar d'Allen nuera de Joâo Francisco Allen.

Algunas de estas quintas tenían una larga historia y estaban ligadas a antiguas y distinguidas familias de Oporto que atravesaban en esa época por grandes dificultades económicas.

La Quinta da Arcaria, perteneció a la familia Ferreira Nobre que durante generaciones fueron los Cronistas de la ciudad de Oporto. En 1775 estaba hipotecada y fue vendida a Manuel Simoes, un próspero comerciante establecido en Oporto. A su muerte fue heredada por su hija Engracia Roberta que cuando falleció en 1839, la había donado a la Misericordia de Oporto para su venta y con ello ayudar al Hospital de Santo Antonio.

El Monte de Fonte Pedrinha, propiedad de la familia Noronha Leme Cerneche e Távora fue vendida a los Freire de Andrade. Después de la muerte de Rodrigo Freire de Andrade, escribano del Senado de la Cámara de Oporto a finales del siglo XVIII, la familia entró en decadencia. De ellos también fue la Quinta da Vessada, vendida a la Vizcondesa de Villar d'Allen por Rita Roberta Freire de Andrade. La quinta se encontraba en esa época, en estado ruinoso.

En la casa destacan muchos muebles originales comprados por Joao Allen y por su hijo Alfredo Allen en la 1ª Exposición Universal de París (1862). También son interesantes los estucos de la sala de estar principal, que representan figuras históricas y mitológicas. La llamada “Sala das Estatuas” de formato rectangular en donde en nichos se exponen las figuras que representan las cuatro estaciones del año. También se pueden contemplar los retratos de todo el linaje de los Allen, desde George Allen (1698-1772) hasta Alfredo Ayres de Gouveia Allen (1900-1975).Los retratos más antiguos son atribuidos a Mercier.

Visitar el Palacio y jardín de Vilar d'Allen debe hacerse con la tranquilidad que el lugar requiere, disfrutando de la calidad y variedad botánica que vive en un jardín rodeado por el crecimiento de la ciudad de Oporto y que lo convierte en un remanso de paz, en medio del bullicio de la modernidad que lo circunda.

El mundo de la Camelia está allí representado en ejemplares monumentales de variedades muy conocidas, aunque otras, debido a su antigüedad y rareza, son de difícil identificación. Las Camelias, entremezcladas con otras especies exóticas y en una semipenumbra derivada de la densidad de la añosa floresta, viven una vida cómoda en un microclima ideal.

El arbolado monumental, no impide apreciar las cualidades de un palacio inmerso en un jardín en donde el gusto Romántico que invadió el Oporto del siglo XIX, dejó tal impronta en la zona, que las huellas de esa época ya se consideran algo consustancial de los jardines paisajistas portuenses y ha trasladado sus características y marcado el desarrollo posterior de la jardinería portuguesa.

El ideal de jardín bucólico, recorría Europa desde la Ilustración, siempre ensalzando la naturaleza local, tratando además  de conseguir ser una continuación de esa misma naturaleza y el paisaje circundante, reflejando en sus detalles ornamentales, las costumbres y modas de las gentes que poseían y disfrutaban de los espacios ajardinados.

Y se difundió como una reacción que dejaba atrás el geometrismo y magnificiencia de los diseños de la espectacular escuela francesa desarrollada en los jardineros de la familia Mollet que llegó a su máximo esplendor con André Le Nôtre.

Ese movimiento romántico, llegó a Oporto de la mano de los próceres locales tras sus viajes por Europa y de las familias de comerciantes casi siempre de vino, que desde la Gran Bretaña y otras naciones europeas, se asentaron en muchos lugares de Portugal. El ideal romántico, desarrolló unos jardines portugueses que con el tiempo fueron adquiriendo su propia personalidad.

Se accede por un sendero curvilíneo hacia el Palacio entre muchísimos ejemplares de ancianas Camelias y altos árboles que les dan sombra y frescor, entremezclados con elementos arquitectónicos decorativos, inmersos en una densa vegetación que aún así, permite apreciar que se está entrando en un histórico jardín de especial importancia.

 

 

 

© José C. García - 2005